Capítulo / Chapter II | Cinema – Cinema

New architectural uses for cinemas are transforming them into multifunctional cultural centers in Extremadura.

Nuevos usos de la arquitectura escénica en Extremadura

Laura Fernández Rojo

Universidad de Extremadura, España

Abstract

Furthermore, disused spaces with no prior connection to the performing arts are being repurposed into theaters and cinemas. These spaces are no longer conceived with a single function; instead, these renovated buildings—as cinemas and theaters—host events, exhibitions, theatrical productions, film screenings, or even serve as creative laboratories that experiment with spatial narrative. This reflects the evolution of media consumption and the importance of the physical environment as a narrative and social element, as seen in projects that combine adaptable functionality.
In this study, we reflect on the evolution of scenic spaces in Extremadura to demonstrate that these venues are necessary and that their construction and maintenance are still advocated for. We aim to highlight the heritage of Extremadura in the sphere concerning audience leisure, specifically by valuing it through the chosen works.

Keywords: Architecture, Cinema, Theatre, Restoration, Extremadura.

INTRODUCCIÓN

En la actualidad, el territorio nacional enfrenta una problemática creciente: el cierre progresivo de cines y teatros. Impulsada por la crisis del sector cultural, esta situación ha dejado numerosos edificios, tanto públicos como privados, en un estado de desuso que conduce inevitablemente al deterioro y a la pérdida de espacios emblemáticos. Ante este escenario, la reutilización adaptativa surge como la estrategia más viable para garantizar la supervivencia de estos inmuebles, transformándolos en contenedores culturales capaces de responder a las demandas sociales y económicas de hoy.

La evolución de la arquitectura escénica hacia una revitalización activa no busca la mera preservación estética, sino un rescate estructural que otorgue una nueva vida funcional al edificio. A través de intervenciones mínimas y sostenibles, se prioriza la permanencia de la esencia original, integrando las nuevas necesidades programáticas como inserciones independientes que respetan la memoria histórica del lugar. Resulta paradójico y socialmente incoherente mantener estos locales clausurados en zonas con déficit de infraestructuras culturales, especialmente cuando estos edificios —ya sean de origen civil o religioso— actúan como pilares de la memoria colectiva y la identidad de una comunidad.

Este estudio toma como referencia la práctica rehabilitadora en Extremadura, una región que se ha posicionado como referente en la transformación de tipologías diversas. Mediante el análisis de casos específicos en localidades como Llerena, Montijo, Zafra, Trujillo y Navalmoral de la Mata, se examinará cómo antiguos conventos, palacios o mercados han sido recuperados para las artes escénicas. Estos ejemplos demuestran que, desde el respeto a la estructura original hasta la adecuación técnica necesaria, es posible reconciliar el pasado arquitectónico con la longevidad funcional del presente.

CENTRAL CINEMA DE AZUAGA (BADAJOZ): LA PUGNA ENTRE ESCENA Y MUSEO

©FERNÁNDEZ ROJO, L.
Figura 1- Central Cinema de Azuaga (Badajoz)

En Extremadura contamos con teatros de gran valor histórico artístico, como el Central Cinema de Azuaga (Badajoz), antiguamente se le conocía como Teatro Espino y fue construido en el primer tercio del s. XX por Manuel Carrascal, tío abuelo de la pintora Mayte Spínola. Es un edificio de estilo modernista, el local principal se levantó como teatro, pero funcionaba también como sala de fiestas, cine y diversas actividades culturales. En su etapa final fue un salón recreativo. (JAUREGUIBEITIA, y RICA, 1995)

Las obras de rehabilitación del Central Cinema constaron de tres fases: la primera en 1995 según proyecto de los arquitectos José Manuel Jaureguibieitia Olalde y Arsenio Rica Cámara; la segunda en 2002 de José Manuel Jaureguibieitia Olalde y la última en 2008 de la aparejadora Nuria Barragán del Puerto.

Ante el desuso del edificio, las autoridades lo adquieren y en 1995 adecuan la planta de arriba como teatro y Museo de Arte Contemporáneo, y el sótano como Museo Etnográfico. Se optó por esto último porque Extremadura fue de las primeras que comenzaron a ahondar en los estudios de etnografía -en el primer tercio del siglo XX- y esta tipología museística está muy arraigada en la región.

La creación del Museo Etnográfico de Azuaga y la comarca de la Campiña Sur, comenzada en 1984, fue encomendada al antropólogo Javier Marcos Arévalo bajo los auspicios del Ayuntamiento azuagueño (VALADÉS, 2015, 158-186)

El Museo Etnográfico de Azuaga está integrado dentro de los Museos de Identidad, que es la iniciativa de la Consejería de Cultura del Gobierno de Extremadura dentro de su programa de la Red de Museos. Reúne un total de 7.000 objetos muestran diferentes aspectos de la cultura popular de la comarca.

Pero no será la única intervención en el edificio: en 2008 se restaura de nuevo afectando sobre todo al Museo Etnográfico ahora como Museo de Arte Contemporáneo. Esta reforma va a suponer que la colección permanente del Museo Etnográfico quede reducida considerablemente (BARRAGÁN, 2009)

TEATROS-MUSEO: EL DESAFÍO DE MUSEALIZAR EL ESPACIO ESCÉNICO

La rehabilitación del edificio destaca por un notable respeto hacia su identidad histórica, especialmente en el sótano, donde se ha preservado el ambiente de la antigua bodega mediante la conservación de toneles, conos y las estructuras originales de arcadas de ladrillo visto. En el teatro, la restauración ha sido fiel a la estética primitiva, reproduciendo escayolas y bronces, y manteniendo una clara diferenciación entre los materiales originales de la fachada —piedra y ladrillo— y las intervenciones modernas.

Sin embargo, el proceso ha sufrido importantes deficiencias de planificación. La falta de conexión entre los sucesivos proyectos municipales provocó que las intervenciones fueran parciales: mientras la primera fase ignoró las carencias del teatro para centrarse en la bodega, la segunda impuso un uso museístico que no respeta la función original del inmueble.

Esta falta de visión global ha dejado problemas sin resolver, como la ausencia de un circuito continuo que potencie el recorrido expositivo. El resultado es el desaprovechamiento de un espacio escénico singular en Extremadura, ya que su gran aforo y sus inusuales palcos quedan relegados por una función de Museo de Arte Contemporáneo que, en la práctica, ha anulado la actividad teatral para la que fue diseñado.

A nivel estatal también hay teatros rehabilitados como museos. El más significativo es el Teatro-Museo Dalí, inaugurado en 1974. Localizado en el antiguo Teatro Municipal de Figueres, se levantó en pleno siglo XIX, aunque a finales de la Guerra Civil quedaron solo de él ruinas y Dalí decidió crear un museo que albergará sus obras principales.

LA FLEXIBILIDAD DE USOS COMO GARANTE DEL PATRIMONIO: DE SEDES SOCIALES A COMPLEJOS CULTURALES. EL CÍRCULO PACENSE

©FERNÁNDEZ ROJO, L.
Figura 2- Círculo Pacense de Badajoz

El Círculo Pacense de Badajoz, inaugurado en 1915, constituye un testimonio excepcional de la arquitectura ecléctica y la historia social de la ciudad. Originalmente sede del Centro Obrero, el inmueble nació con una clara vocación pública al albergar escuelas y un salón de baile que, con el tiempo, se convirtió en el escenario de actuaciones teatrales y musicales hasta la llegada del cine sonoro. En 1913 esta sociedad compra una casa en la antigua calle Arco Agüero (actual Ramón Albarrán), tras la guerra civil se convirtió en una sociedad privada y pasó a manos de la Organización Sindical de Educación y Descanso, y el 21 de diciembre de 1939 Ramón Espino Méndez, como arrendatario del Centro Obrero, solicita licencia de obra para la adaptación del local a cinematógrafo, entonces pasaría a denominarse Cine Pacense hasta principios de los 90 (Expediente 827, 1939).

Los artífices de su construcción y remodelación fueron los siguientes arquitectos: Ventura Vaca Parrillas fue autor del proyecto de construcción en 1914; Rodolfo Martínez González proyectó la ampliación en 1931; Eduardo Escudero Morcillo dirigió la reforma realizada en 1972 y Javier Teijeiro Fuentes efectúa en 1998 un informe técnico sobre el valor arquitectónico de los inmuebles, dando lugar al proyecto de rehabilitación llevado a cabo en 2002, su objetivo fue la puesta en funcionamiento del centro como complejo cultural.

El resultado es un diálogo de estilos podríamos definirlo como un edificio ecléctico: mientras el interior conserva influencias modernistas y un destacado techo neomudéjar, su ampliación de 1931 y la fachada principal exhiben un racionalismo puro. Esta última destaca por su geometría, el uso de marquesinas en voladizo y un contraste cromático entre el blanco y el rojo, carente de ornamentación superflua (LOZANO, y CRUZ, 1995, 360).

Finalmente, tras décadas de cambios de uso, la rehabilitación integral acometida en 2002 permitió recuperar este valor arquitectónico insustituible. Gracias a un informe técnico del arquitecto Javier Teijeiro que puso en valor su singularidad histórica, el edificio fue rescatado del desuso para ser puesto en funcionamiento como un moderno complejo cultural, devolviéndole así su propósito original de servicio a la sociedad. La inspección técnica señala que la parte superior y la ampliación de 1931 presentan el mayor deterioro debido a graves filtraciones de agua. Estas humedades están dañando seriamente la madera y la pintura, poniendo en riesgo la estabilidad de la cubierta de madera en forma de artesa del salón principal. (TEIJEIRO, 1998).

Aunque se ha eliminado el riesgo de ruina inminente, el edificio sigue en condiciones críticas a la espera de una rehabilitación integral definitiva. No obstante, la intervención de 1998 logró reactivar el inmueble como una sala multifuncional con una oferta muy diversa, que abarca desde deportes y clases de idiomas hasta teatro y boxeo. Actualmente, el centro cumple con un enfoque moderno al servir como espacio gratuito para colectivos locales, logrando poner en uso un patrimonio deteriorado tal y como proponía el proyecto de Javier Teijeiro.

EVOLUCIÓN Y DIVERSIDAD DE LOS CÍRCULOS OBREROS EN ESPAÑA

Hay más casos de círculos obreros que hayan hecho las veces de salas de espectáculo, bien como cines o teatros. En el siglo XX se construyeron en toda España diversas asociaciones con unos rasgos identitarios que aglutinaban connotaciones de clase con otras ideológicas, relacionadas con el carácter católico, librepensador, federal o libertario de la entidad. Las había desde culturales a políticas y se trasformaron en instrumentos de autoafirmación. Educaban a sus miembros, daban una presencia pública y acabaron constituyendo un entramado cívico. No solo eran lugares de reunión o sedes sindicales o partidistas, sino que también eran focos culturales y educativos, además de dar cabida a todo tipo de actividades societarias, cooperativistas y de ocio. Estos ateneos, centros o círculos tenían entre sus principales premisas el fomento del teatro y para ello necesitaban de un local polivalente donde había actuaciones de teatro, reuniones, banquetes, bailes, etc. Eran unas salas medianas con unas 400 localidades y sus escenarios tenían poca profundidad, no eran demasiado altos y con suficiente anchura de hombros (RAMÓN, 2011).

El modelo del Círculo Pacense no es un caso aislado, sino que forma parte de una red de sociedades obreras y recreativas que, desde finales del siglo XIX, transformaron el panorama cultural español. Instituciones como el Teatro Municipal de Navalcarnero o el Teatro del Círculo Católico de Alcoy demuestran una evolución común: nacieron bajo el patrocinio de sociedades obreras, sufrieron transformaciones para albergar cines y, finalmente, fueron rehabilitados como espacios escénicos modernos. Mientras Navalcarnero destaca por su integración en la Red de Teatros (lo que garantiza su oferta profesional), el caso de Alcoy es un ejemplo de renovación: la primera en 1944 para convertirlo en cine y la segunda en marzo de 2007 para dar funciones de teatro. Dicha reforma, que en un principio se planteó parcialmente, acabó por rehacer totalmente el teatro para adaptarlo a las necesidades actuales.

Por otro lado, existen centros que mantienen una función polivalente idéntica a la del Círculo Pacense, funcionando más como centros sociales que como teatros puros. El Teatro Casino de Trubia (Oviedo), rehabilitado en madera y piedra. La polivalencia es la clave de su supervivencia, permitiendo que el edificio siga siendo un punto de referencia para la comunidad.

Finalmente, el patrimonio de estas sociedades muestra realidades dispares. Mientras que el Círculo Barcelonés de Sant Josep fue rescatado del abandono para convertirse en un espacio de creación vanguardista, otros han derivado en usos radicalmente distintos, como el Círculo Obrero de Bustiello, transformado en residencia geriátrica. Destaca también «El Obrero Extremeño» de Almendralejo, un Bien de Interés Cultural que ha logrado conciliar su estructura histórica neoclásica con servicios modernos (biblioteca, restauración e incluso ocio infantil), demostrando que la flexibilidad de usos es el mejor garante para la preservación de esta tipología arquitectónica.

DE CASA DE BENEFICENCIA A CENTRO CULTURAL: RESCATE PATRIMONIAL DEL TEATRO SAN VICENTE.

©FERNÁNDEZ ROJO, L.
Figura 3- Teatro Cine San Vicente de Fuentes de León (Badajoz)

El Teatro-Cine San Vicente de Fuentes de León (Badajoz) es del s. XIX o comienzos del XX, su estilo es Neomudéjar y de especial interés son los platones modernistas. Llamado así por pertenecer a la cofradía de San Vicente, posteriormente adquirido por Ezequiel Navarro, alcalde de esta villa en 1976, pasó más tarde al Ayuntamiento. Durante las restauraciones realizadas en 2006 y 2011, se descubrió en el frontón del escenario una pintura de Cervantes de autor desconocido que había permanecido oculta bajo capas de pintura anteriores. En la parte superior también destaca una figura de Lope de Vega.

Lo construyó la Hermandad de San Vicente como casa de beneficencia y teatro, luego se darían funciones de cine y al desaparecer la Hermandad, una vez adquirido por el Ayuntamiento, vuelve a tener su sala principal la función de teatro. La antigua casa de la beneficencia es el centro de la Asociación de Mujeres Rurales y las taquillas son la Universidad Popular.

Las dos obras de restauración que se realizan son proyectadas por sendas arquitectas técnicas, Agustina Redondo Rosario en 2006 y Elia Barco Guerrero en 2011.

El primer proyecto se centra en reparar la cubierta, pues su estado de conservación era bastante deficiente (REDONDO y ARQUITES, 2006). Y el segundo está encaminado a mejorar la accesibilidad del inmueble (BARCO, 2011).

La intervención en el teatro ha respetado la traza primitiva del inmueble, ya que era indispensable preservarla, pues en Extremadura no hay otro teatro neomudéjar, y sin ella no se podría hacer una lectura biográfica del edificio. Las obras, que han durado tres años, han ido encaminadas a hacer el inmueble más accesible para garantizar su uso. Por este motivo, las intervenciones se han centrado en el teatro propiamente dicho al ser el espacio principal y en los accesos a este.

Además, se han aprovechado las estancias del teatro, para otorgarles una nueva función cultural más acorde con el carácter lúdico del edificio. Como consecuencia del cambio de titularidad, la antigua casa estaba en desuso, por ello se rehabilitó como Asociación de Mujeres Rurales. Los vestuarios ya no eran necesarios porque se habían habilitado nuevos, por lo que se convirtieron en una estancia dedicada a fines lúdicos y recreativos. Como vemos, dichas obras van acorde con los proyectos de transformación de estos espacios escénicos en centro culturales. La realidad es que si se mantuvieran para una sola función sería condenarlos a un futuro cierre por no utilizarse el establecimiento.

ARQUITECTURA DE LA BENEFICENCIA: EL TEATRO COMO SUSTENTO SOCIAL

En España encontramos otros inmuebles con este carácter dual benéfico y lúdico. De hecho, según Adolf Friedrich von Schack: “En España no debía parecer extraña esta unión de diversiones públicas con fundaciones religiosas o de beneficencia, porque ya en Valencia existía desde 1526 un teatro dependiente de un hospital, y aún hoy, con arreglo a la antigua costumbre, corren también a cargo de los rectores de los hospitales las corridas de toros, cuyos productos, deducidos los gastos, se aplican al sostenimiento de estas fundaciones” (SHACK, 1886, 242). Por tanto, estos teatros eran de gran importancia para la beneficencia ya que los hospitales dependían de los ingresos que derivaban de las representaciones.

Este tipo de inmuebles derivan de los corrales de comedias y posteriormente las salas de espectáculo se asentarían en hospitales, como ocurrió en los hospitales provinciales de Badajoz y de Cáceres.

La mayoría de estos teatros han desaparecido, aunque aún se conservan inmuebles como el Teatro de la Beneficencia de Ortigueira (A Coruña). Este teatro está en el ala este del edificio conventual, empleado antiguamente por los monjes para almacenar vino y leña. Un grupo de vecinos promovió en 1850 las obras que lo convirtieron en un recinto cultural. Pero este local resultó pequeño y por ello se amplió en 1886. En 1991 se somete a una rehabilitación; la platea y los palcos no sufrieron apenas alteraciones, pero sí la escena, retroescena y espacios para vestíbulos, camerinos y accesos del público (ALMUÍÑA DÍAZ et al., 1992).

DE LA LITURGIA A LA ESCENA: AUDITORIO LA MERCED, LLERENA (BADAJOZ)

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Figura 4- Centro Cultural La Merced de Llerena (Badajoz)

El Centro Cultural la Merced de Llerena es una iglesia barroca construida en 1630 por los jesuitas. Fue colegio hasta su expulsión en 1767, pasando a manos de los Hermanos Mercedarios y después a un negociante de ganado que lo convirtió en depósito de cereales. Finalmente se haría cargo del inmueble la Subdirección del Patrimonio Histórico Artístico del Ministerio de Cultura, que lo rehabilita como teatro, salón de actos para conferencias y conciertos, sala de exposiciones, biblioteca y museo artesanal y sala de exposiciones.

Está dentro del casco histórico declarado como Bien de Interés Cultural, por el que se declara conjunto histórico artístico la ciudad de Llerena. Sigue el modelo de las iglesias jesuíticas proyectadas por el arquitecto Giacomo Barozzi da Vignola (1507-1573), la fachada principal se presenta lisa, volúmenes claros, con un marcado ritmo ascendente del crucero que se remata con un tambor, una linterna y unos potentes pináculos. La espadaña realizada en ladrillo sería de época posterior (HERNANDEZ, 2012). En la actualidad, se utiliza como teatro o salón de actos. Los autores de la transformación de iglesia a teatro fueron los arquitectos: Luis de Aréchaga Sánchez Pascual en 1982 y Juan Antonio López Galíndez en 1986.

En la primera actuación se plantea transformar la Iglesia en Centro Cultural para utilizarlo como salón de actos, para conferencias y conciertos, sala de exposiciones, biblioteca y museo artesanal (DE ARÉCHAGA, 1982). Esta intervención se amplió con el proyecto dirigido por Juan Antonio Galíndez, que se centró en los problemas acústicos y, finalmente se acometen una serie de obras para mejorar la accesibilidad, (LÓPEZ, 2002).

La rehabilitación ha respetado en la medida de lo posible el edificio que fue reutilizado como colegio, iglesia y almacén de grano. No sabemos a ciencia cierta cómo era originalmente, sólo que ha sido fiel al estado previo del edificio antes de las reformas citadas. Las intervenciones han sido las menos posibles, teniendo en cuenta que modifica su función drásticamente prescindiendo de su carácter litúrgico. Exteriormente, las obras se centraron en solucionar problemas de humedad y en la sustitución técnica de la cubierta por una estructura moderna integrada.

En el interior, aunque las reformas fueron mayores debido al estado de ruina, se aprovechó la sólida estructura original para crear un espacio reversible y polivalente: el escenario se insertó de forma independiente en el presbiterio, el patio de butacas y el anfiteatro son desmontables y las antiguas tribunas se transformaron en palcos.

La acústica representa el mayor desafío técnico del Centro Cultural La Merced, ya que las grandes cúpulas y la amplitud del espacio dificultan la calidad del sonido necesaria para las artes escénicas. Al ser este un factor crítico para su función actual, de no solventarse, sería más adecuado reorientar el edificio hacia usos como salas de exposiciones o talleres, donde la excelencia acústica no es imprescindible para el desarrollo de la actividad cultural.

EL PATRIMONIO CONVENTUAL COMO ESCENARIO: UNA TIPOLOGÍA DE REUTILIZACIÓN NACIONAL

La rehabilitación del Convento de la Merced en Llerena no es un hecho aislado, sino que se inscribe en una sólida corriente de recuperación de espacios litúrgicos para las artes escénicas. Estos edificios, originalmente diseñados para la liturgia y la vida comunitaria, han demostrado una sorprendente versatilidad para albergar auditorios y teatros, aunque cada intervención presenta matices que revelan diferentes sensibilidades arquitectónicas y necesidades sociales.

Una de las principales particularidades radica en la finalidad del uso. Mientras que algunos inmuebles se han orientado a la formación especializada, como el antiguo colegio de los Jesuitas de Cáceres (sede de la ESAD) o el Convento de Clarisas de Olivenza (escuela de teatro y danza), otros se han consolidado como referentes monumentales de uso público. Es el caso de la Iglesia de Santa Marina de Zafra, donde su declaración como Bien de Interés Cultural subraya la importancia de preservar su arquitectura renacentista mientras ejerce su función como teatro.

El lenguaje arquitectónico empleado marca otra distinción clave. Mientras que la mayoría de los casos extremeños optan por una convivencia respetuosa y discreta con el pasado, el proyecto del Convento de Sant Francesc en Santpedor (Barcelona) destaca por una ruptura contemporánea, integrando elementos modernos que contrastan abiertamente con las ruinas históricas. Esta misma capacidad de adaptación se observa en la hibridación de espacios del Convento de San José en Vélez-Málaga, cuya particularidad reside en su fragmentación: la iglesia es hoy el Teatro del Carmen, mientras su claustro ha quedado integrado como zona común de un complejo residencial.

Finalmente, las trayectorias de rescate de estos edificios testimonian su resiliencia. Desde el Auditorio la Merced de Sanlúcar, recuperado tras años de abandono y expolio, hasta el Convento de Trinitarios de Dosbarrios, que sobrevivió incluso a usos agropecuarios, todos comparten un denominador común: la intervención institucional ha sido el motor para revertir el deterioro. En conjunto, estos ejemplos demuestran que la arquitectura conventual no solo es un legado religioso, sino un recurso estratégico para dotar de infraestructuras culturales a la sociedad, aprovechando la amplitud de sus naves y refectorios para la escena contemporánea.

DE LA ARQUITECTURA DOMÉSTICA AL VANGUARDISMO ESCÉNICO: EL TEATRO MUNICIPAL DE ZAFRA

©FERNÁNDEZ ROJO, L.)
Figura 5- Teatro Municipal de Zafra (Badajoz)

La parcela donde está situado el Teatro Municipal de Zafra (Badajoz) estaba constituida por dos viviendas, un huerto con dos albercas, una servidumbre y un cercado gallinero. Uno de los edificios era una residencia de dos plantas que constaba de un patio central cubierto por una montera y unas tenerías y almacenes de grano. El otro constaba también de dos plantas y operaba como acceso de vehículos al interior de la parcela. En septiembre de 2005, se le adjudicó al arquitecto Enrique Krahe Marina la propuesta para la construcción de un espacio escénico, que es un modelo de referencia para futuros proyectos de arquitectura doméstica en desuso. Como hemos demostrado, no es un caso aislado otorgarle tanto un nuevo carácter profano como un nuevo uso escénico. Muy al contrario, es una práctica recurrente gracias a la cual han sido salvados de la inminente ruina.

No nos consta, a nivel regional ni estatal, otras intervenciones que hayan tenido por objeto rehabilitar una vivienda en desuso como teatro o espacio cultural Por esta razón el Teatro Municipal de Zafra podría ser un modelo de referencia para futuros proyectos de arquitectura doméstica en desuso.

Desde el punto de vista artístico, el Teatro es una joya arquitectónica sin parangón en Extremadura, pues acerca las vanguardias europeas a la arquitectura escénica. El edificio es una verdadera obra de arte en sí, pues es contenedor de diversas manifestaciones artísticas desde la pintura, la escultura, posibles performances y, cómo no, el teatro. De hecho, por su valor artístico y arquitectónico ha recibido el Premio Lamp Lighting Solutions 10’ y el Premio Lamp, y ha sido nominado para los premios de la Asociación Internacional de Diseñadores de Iluminación (IALD) y para los premios Mies Van der Rohe. El día 25 de noviembre se falló el Premio de Arquitectura del Colegio Oficial de Arquitectos de Extremadura en su edición de 2013 a su favor.

El Teatro Municipal tiene un aire nórdico. De hecho, presenta similitudes con algunos edificios del empirismo nórdico (cuyo máximo exponente fue Alvar Aalto). Este movimiento es una reacción al rígido formalismo del Movimiento Moderno y será la referencia tras la crisis del racionalismo. Como ocurre con las obras adscritas a este movimiento arquitectónico, el teatro es de un tiempo de materiales industriales y numerosos acabados en seco (como vemos en sus fachadas). Sin embargo, reivindica también los acabados artesanos utilizando materiales autóctonos (como podemos apreciar en los revestimientos de su sala principal o el aplacado de corcho que recubre la sala de ensayos).

En la parcela diferenciamos tres volúmenes, el volumen principal o teatro propiamente dicho (que contiene la caja del escenario, sala principal y una sala de ensayos) y dos edificaciones auxiliares con elementos vernáculos, como son bóvedas tabicadas y muros de mampostería de pizarra.

Debemos destacar algunos detalles que merecen una mención especial por su originalidad, como en los aseos públicos, los espejos se convierten en camerinos, donde los espectadores se pueden caracterizar de modo similar al que lo harían los actores con algunos complementos dibujados en los espejos. O en la sala principal, los cinco colores que tapizan las 361 butacas se combinan de modo que, percibidas desde el escenario, constituyen un gran ojo. Con este recurso, el arquitecto pretende que el escenario esté provisto siempre de un ojo pendiente de él. Sin olvidarnos, del escenario se puede convertir en un espacio al aire libre que se abre por detrás al patio trasero, pavimentado por un tablero de ajedrez a escala humana rindiendo tributo al clérigo local Ruy López (campeón del mundo entre 1570 y 1575). El juego llega a su última escala, pues el espectador es un peón más en este tablero desde el que observa la obra de teatro que se desarrolla en el escenario (KRAHE MARINA, 2005).

Las obras acometidas le han otorgado un nuevo carácter cultural y han conseguido reavivar un área rural en desuso y en penoso estado de conservación, todo ello gracias a que se ha ligado el teatro con el núcleo urbano, haciéndole partícipe de la ciudad de la que –hasta ese momento– estaba desvinculado. Debemos destacar que la intervención no ha querido borrar el pasado del edificio, pues reutiliza locales preexistentes: deja la huella de las obras demolidas para que se pueda hacer una idea de cómo era anteriormente y como materiales utiliza los autóctonos, e incluso hace hincapié en recordar su antigua función como tenería ya que sus dos estancias principales, vestíbulo y sala principal, están revestidas de lana.

Por tanto, a pesar de ser un edificio totalmente innovador que nada tiene que ver con la obra que ocupaba el solar anteriormente, podemos hacer una lectura que nos lleve a deducir su anterior configuración y función. Podemos concluir que el proyecto de rehabilitación es coherente y acorde al momento en el que se ejecuta la intervención.

REHABILITACIÓN DEL ANTIGUO MERCADO DE ABASTOS DE NAVALMORAL DE LA MATA COMO NUEVO ESPACIO ESCÉNICO

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Figura 6.- Teatro del Mercado, Navalmoral de la Mata (Cáceres)

Entre la adaptación de los edificios civiles, y con carácter muy diferente al cultural hay que destacar el Teatro del Mercado de Navalmoral de la Mata, un caso particular ya que fue un mercado de abastos que se reforma como teatro, según proyecto de la arquitecta Matilde Peralta del Amo en 2007.

El mercado de abastos estaba constituido por dos naves que se unían en forma de L y el atrio de acceso con las zonas de almacenamiento. Las naves tenían una estructura basilical, siendo la central la de mayor altura, y las laterales presentaban en su testero un óculo circular en la pared alta, situándose en una de ellas muelle de carga y descarga (PERALTA DEL AMO, 2007). Aparentemente, del antiguo mercado sólo cambian las cubiertas, pero se construye un nuevo edificio dentro del antiguo, es decir, que esta intervención no respeta el edificio original. Puede que se haya intentado preservar la fisonomía de su planta y parte de la estructura de la obra, pero el resultado es un edificio que nada tiene que ver con el antiguo mercado de abastos, ni los volúmenes proyectados, ya que está constituido por tres volúmenes geométricos angulares y de diferentes alturas revestidos de un material cerámico gris oscuro del que debemos destacar el que acoge el salón de espectáculos cuyo interior se decora con motivos florales muy utilizados como elementos ornamentales en el art decó para vestir los interiores de los teatros. Estos volúmenes son prácticamente iguales salvo por su altura y en ellos permanecen las texturas de los moldes de madera que se emplearon para dar forma al material, que es hormigón -cuya idea vemos en un estilo arquitectónico moderno: el brutalismo, inspirado en el trabajo del arquitecto Le Corbusier, cuya principal característica es expresar los materiales en bruto, es decir, se aprecia la textura de los moldes de madera que dan forma al hormigón o la aspereza de cualquier otro material-. El resultado es un teatro en cuya fisonomía destaca su juego de volúmenes y la torre escénica de 15 metros de altura, que en un principio iba a estar cubierta con motivos florales que hubieran reflejado la luz de forma especial según ésta incidiera en la torre.

La convivencia entre lo viejo y lo nuevo en este caso es inexistente, lo que es razonable porque su fin no es el mismo y para su adaptación era necesario llevar muchas reformas y variaciones para que el local se actualizara a su nueva función.

DE LA PLAZA DE ABASTOS AL CENTRO CULTURAL: LA METAMORFOSIS DE LA ARQUITECTURA CIVIL

La reutilización de antiguos mercados de abastos como infraestructuras culturales es una tendencia consolidada en España, impulsada por la necesidad de rescatar edificios civiles que han perdido su función comercial frente a las grandes superficies. Estos inmuebles, que a menudo representan hitos de la arquitectura del hierro o del historicismo, están siendo rehabilitados bajo una premisa clara: la transformación de antiguos centros de suministro de víveres en focos de “abastecimiento” cultural y social.

A través del análisis de diversos casos nacionales, se identifican distintas pautas de adaptación funcional. En el ámbito de las artes escénicas, destacan trayectorias como la del Centro de Arte Flamenco la Merced (Cádiz), que tras haber sido mercado, ha recuperado su vocación original como espacio de espectáculo. Un caso paradigmático de éxito es el Mercado de La Unión (Murcia), que, inspirado en el monumental Mercado del Born de Barcelona, ha pasado de la clausura por falta de rentabilidad a convertirse en la sede mundial del Festival del Cante de las Minas. Estas intervenciones demuestran que la amplitud de las plantas diáfanas de los mercados —a menudo con estructuras de cruz latina y cúpulas— facilita su conversión en auditorios y sedes de festivales de gran calado.

Por otro lado, existe una tendencia hacia la especialización educativa y museística. Mercados como los de Melilla y Linares han encontrado una nueva vida como sedes de escuelas de idiomas y bibliotecas, mientras que otros, como los de Zalamea la Real o Talavera de la Reina, se han consolidado como centros de interpretación y promoción de la artesanía. En todos estos casos, la rehabilitación no solo preserva el edificio, sino que lo dota de un nuevo programa cultural que garantiza su uso diario por parte de la ciudadanía.

En el contexto de Extremadura, destaca la particularidad del antiguo mercado de Montijo. A diferencia de los ejemplos anteriores donde se preservó la estructura original, en Montijo se optó por una solución más radical: la demolición del mercado obsoleto para levantar un teatro de nueva planta. Esta diversidad de soluciones —que van desde la conservación hasta la sustitución integral— confirma que la meta final de estas intervenciones es siempre la misma: recuperar la oferta cultural en los municipios mediante la creación de espacios polivalentes que eviten la ruina y el abandono de los centros urbanos.

DEL PALACIO PIZARRO AL TEATRO GABRIEL Y GALÁN: SIGLOS DE REFORMAS Y RESILIENCIA CULTURAL EN TRUJILLO

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Figura 7- Teatro Gabriel y Galán de Trujillo (Cáceres)

El Palacio de Juan Pizarro-Aragón es un edificio del siglo XVII, que en 1864 se transformó en teatro y que ha soportado un sinfín de reformas en el siglo XX para adecuarlo a una función que garantice su uso: en 1923 pasó a denominarse Cine Gabriel y Galán; en 1970 se interviene a consecuencia de un incendio y se rehabilita como museo, archivo histórico municipal y la biblioteca y teatro. Aunque fue necesario otra obra, en 1986 José Ramón Zorita Carrero acometerá el proyecto para la rehabilitación del teatro de Trujillo como centro cultural.

Está ubicado en el Palacio Juan Pizarro de Aragón, su interior ha sido alterado por numerosas reformas en el s. XX, entre las que podemos destacar: la efectuada por el arquitecto José López Munera en 1929; en 1977 y 1980 las reformas las proyecta Dionisio Hernández Gil; en 1985 Carlos Baztán Lacasa; en 1986 José Ramón Zorita Carrero dirige la más profunda rehabilitación y en 2009 Studiodata transforma su jardín en plaza pública.

El primer proyecto de restauración del arquitecto Dionisio Hernández Gil, consiste en nuevos forjados, cubiertas y pavimentos (HERNÁNDEZ, 1977). El segundo se centra en la planta alta del palacio, donde se elimina gran parte de los aditamentos decimonónicos otorgándole un aspecto moderno al teatro (HERNÁNDEZ, 1980).

Posteriormente, Carlos Baztán Lacasa realiza la rehabilitación por el trámite de emergencia, ya que en la zona de la galería de la fachada principal la ausencia de cubierta había deteriorado gravemente las bóvedas, hasta el extremo de suponer un peligro por posibles desprendimientos (BAZTÁN, 1981).

Pero se hizo necesaria otra intervención posterior, ya que su estado de conservación era lamentable encontrándose en ruina total por la pérdida de elementos de cubierta y forjados, y sólo en la zona central se mantenían los muros del primitivo teatro. Es por ello por lo que el arquitecto José Ramón Zorita Carrero en 1986 rehabilitará el teatro como centro cultural (ZORITA, 1986).

Y su última intervención es la remodelación del jardín en 2009 por el arquitecto Graciliano Berrocal, que forma parte del equipo de arquitectura Studioata (STUDIODATA, 2009).

La intervención del arquitecto Zorita Carrero intenta ser lo más fiel posible con el teatro, pues tiene una atractiva traza modernista y hacerla desaparecer impediría su lectura biográfica. Además, las actuaciones desarrolladas irían acorde con la idea de concebir el inmueble como un centro cultural, pues los teatros en estas pequeñas localidades han quedado relegados a un último plano al prescindirse de grandes escenarios y tramoya clásica porque se tiende a una participación del espectador o a pequeños escenarios. Por este motivo, concebirlos para una sola función sería condenarlos a un futuro cierre por el desuso del establecimiento (ZORITA CARRERO, 1986).

La remodelación del jardín del Palacio Juan Pizarro de Aragón sí que ha supuesto una pérdida de su valor histórico, en tanto en cuanto, no se ha aprovechado ni reutilizado ningún elemento integrante del mismo. Aunque dado su lamentable estado de conservación era prácticamente imposible reciclar sus elementos integrantes, por lo que la única actuación posible fue recrear su ubicación y forma. Sin duda, la intervención es innovadora pues prácticamente no se conservaba nada del antiguo jardín, pero no es del todo acorde con su entorno pues debía integrarse en el paisaje urbano de la localidad. Respecto a su funcionalidad, se ha recuperado el carácter recreativo del jardín decimonónico consiguiendo que se conciba como un espacio cultural destinado para la vía pública.

LA NOBLEZA DEL ESPACIO PÚBLICO: PALACIOS COMO CENTROS DE CULTURA

La rehabilitación de palacios para fines culturales constituye uno de los ejemplos más claros de revitalización activa del patrimonio español. Estos inmuebles, diseñados originalmente para proyectar poder y albergar una vida social de élite, presentan una versatilidad espacial que los convierte en “contenedores culturales” ideales, capaces de alojar programas multidisciplinares que combinan el ocio, la formación y la conservación documental.

A través de los casos analizados, se observan distintos modelos de éxito en esta metamorfosis:

El Palacio como Centro Global: Edificios como el Palacio de Abrantes (Madrid) o el Palacio de la Audiencia (Soria) demuestran que la estructura palaciega puede segmentarse para ofrecer una oferta cultural ininterrumpida. Mientras el primero ha sabido transformar su antiguo salón de actos en un teatro moderno, el segundo —tras haber sido ayuntamiento y cárcel— se consolida hoy como un complejo que integra salas de exposiciones, conferencias y un teatro neoclásico, demostrando una resiliencia funcional extraordinaria.

La Integración de lo Nuevo y lo Viejo: El caso del Teatro El Jardinito (Cabra) es paradigmático por su solución arquitectónica: mantiene la esencia del palacete original, pero añade un edificio de nueva planta para cubrir las necesidades administrativas y técnicas. Esta intervención optimiza cada rincón del inmueble, llegando incluso a utilizar su cubierta como cine al aire libre, lo que ejemplifica el concepto de sostenibilidad funcional mencionado al inicio del estudio.

De la Disciplina Militar a la Libertad Creativa: El Centro Cultural Conde Duque (Madrid), antiguo cuartel del siglo XVIII, representa la recuperación de un gigante arquitectónico que estuvo al borde de la ruina. Su rehabilitación integral no solo rescató un Monumento Histórico-Artístico, sino que lo convirtió en un motor cultural que alberga desde el Museo de Arte Contemporáneo hasta auditorios y bibliotecas históricas, sirviendo como referente de cómo una estructura rígida y militar puede flexibilizarse para el uso ciudadano.

Especialización y Servicios Modernos: El Palacio de Dávalos (Guadalajara) ilustra cómo el rigor de la arquitectura del siglo XVI puede convivir con las demandas de una biblioteca pública moderna. La inclusión de áreas de nuevas tecnologías y secciones infantiles dentro de sus salones históricos confirma que la calidad de estos inmuebles permite adaptarlos a las necesidades actuales del “ciudadano de a pie” sin renunciar a su valor como testimonio de la memoria colectiva.

En conclusión, la relación entre estos edificios palaciegos y las tipologías previas (conventos y mercados) reafirma la tesis del estudio: la adjudicación de un nuevo uso cultural es la herramienta más eficaz para la preservación de nuestro patrimonio. Al transformar antiguos espacios de poder o culto en escenarios abiertos, se garantiza su perdurabilidad y se devuelve a la sociedad un legado arquitectónico que, de otro modo, estaría condenado al olvido o la demolición.

CONCLUSIONES: LÍNEAS DE CONSERVACIÓN EN LA ARQUITECTURA PARA ESPECTÁCULOS

El estudio confirma que la mayoría de los edificios escénicos cambian su función original para adaptarse a las necesidades actuales. Pese a su gran valor para la identidad colectiva, muchos carecen de protección legal como monumentos, lo que facilita su reutilización. No obstante, estas rehabilitaciones son fundamentales, ya que asignarles un nuevo uso es la única vía para garantizar su recuperación y evitar su desaparición.

Existen pocos ejemplos intactos de esta arquitectura debido a sus constantes transformaciones: nacieron como teatros, pasaron a ser salas de baile o cines en los años 40, discotecas a finales del siglo XX y, actualmente, han terminado convertidos en viviendas, garajes, solares vacíos o edificios abandonados.

En la actualidad se ha emprendido una tímida iniciativa restauradora para la revalorización de estos espacios, motivada por la fascinación de los arquitectos en las posibilidades que brindan estos edificios. Pero estas propuestas finalmente han caído en manos de agentes de naturaleza comercial, sin una formación histórica-artística, que buscan que las renovaciones de estas salas no se sustenten en sus formas primitivas en aras de una transformación más radical que les permitan ofrecer diversos espectáculos. Al prescindir de la necesaria asistencia de los especialistas que mencionamos, muchas restauraciones se han limitado a dotar al establecimiento de una serie de soportes de espectáculos mínimos para garantizar la puesta en escena de las actuaciones, no justificándose de este modo la inversión realizada. Pese a ello, han logrado prolongar la vida de muchos edificios, reactivando su función como centros de vida social.

Es imprescindible que los edificios escénicos se renueven constantemente para seguir siendo funcionales. Dado que el teatro ha evolucionado significativamente desde el siglo pasado, el espacio físico debe adaptarse a las exigencias técnicas y de servicios que requieren las representaciones contemporáneas.

Insistimos en que las rehabilitaciones recuperen los cines y teatros como eran en su origen, tesis que también es defendida por el arquitecto Felipe Delgado. El motivo es que no contamos con tanto patrimonio como para no intervenir aquellos edificios que tienen una cierta antigüedad. Pues si una sociedad es rica culturalmente, lo lógico es que construya un nuevo teatro en otro espacio y no destruya uno antiguo para edificar sobre él uno nuevo.

Las intervenciones deben transformar cines y teatros en espacios multifuncionales que acojan diversas actividades culturales. Debido a la crisis del sector, limitar estos edificios a una sola función garantiza su ruina; por ello, es vital diversificar su uso para asegurar que se mantengan activos y conserven su carácter cultural.

Las intervenciones actuales priorizan la funcionalidad técnica sobre las teorías clásicas de restauración, destacando la modificación de torres escénicas para albergar maquinaria moderna. Según expertos, el diseño tradicional “a la italiana” limita las puestas en escena innovadoras, lo que empuja a los dramaturgos a buscar otros espacios y explica por qué muchos teatros caen en desuso o necesitan ser rehabilitados con nuevas funciones.

En definitiva, la preocupación actual por la recuperación de los cines y teatros, es en este sentido síntoma de una nueva sensibilidad hacia estos inmuebles culturales. Pero depende de quien la lleve a cabo, la intervención será respetuosa o radical. Si la rehabilitación es dirigida por un arquitecto y un equipo cualificado será respetuosa con el original, del edificio primitivo suele conservarse el exterior como una segunda piel que reviste la innovadora sala que para adaptarse a las necesidades actuales sufre sucesivas transformaciones (FERNÁNDEZ, 2002, 207-20).

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